En las últimas semanas la derecha española, con el viento a favor gracias a la crisis económica, atiza con saña a ZP. A la lapidación pública acuden también los medios patrios afines, los cuales más que criticar la acción de gobierno, ridiculizan la figura del Presidente (lo que quiere este malvado es cargarse España). Por si fuera poco, las bofetadas también vienen desde la prensa extranjera, y más concretamente desde el diario de información económica Financial Times, obsesionado con atacar la capacidad española para salir de la crisis. Curiosamente, ha bastado una visita de Elena Salgado a la sede del FT en Londres, para cambiar radicalmente de criterio, ya que ahora no se duda de la solvencia del Reino de España.
Desde luego, no seré yo quién diga que el Gobierno de España no tiene ninguna responsabilidad sobre la situación económica. En las dos últimas semanas el Gobierno ha dado sensación de desconcierto, de no saber muy bien que camino tomar. Un día el mensaje del ejecutivo es no retroceder en los derechos de los trabajadores, tal como piden los sindicatos; al día siguiente, parece que el Gobierno empieza a ceder a las presiones de los mercados financieros, abaratando el despido y retrasando la edad de jubilación.
Dicho lo cual, me da casi risa como determinados dirigentes de la derecha sacan pecho cuando se autoproclaman libertadores de la patria. Sus soluciones son las que nos sacarán de la crisis, en la que única y exclusivamente nos ha metido el traidor de ZP. Con abaratar el despido, se acaban los problemas del país.
Queridos amigos del PP, os quiero hacer notar, que no me parece muy oportuno que estéis sacando demasiado pecho, incluso a la vista de la actual situación económica. En primer lugar, os quiero recordar que la crisis financiera no tiene su origen en la venta de alguna parcela cerca de La Moncloa, ni tampoco en ningún pelotazo inmobiliario en la calle Ferraz de Madrid. La crisis financiera trae causa de una política ultraliberal llevaba a cabo en los Estados Unidos de América, país dónde el Gobierno del inefable George W. Bush permitió la total impunidad de los bancos y entidades hipotecarias, concediendo préstamos sin ton ni son, y más tarde empaquetando estas hipotecas en productos financieros contaminados. El liberalismo salvaje en estado puro.
Entonces, desde la tribuna de la derecha se replica que en "España la crisis es mucho peor por culpa del inútil de Zapatero". Desde luego, la crisis en España es más grave que en el resto de grandes economías europeas, o al menos, al mismo nivel de la Británica e Italiana, países que este último año han tenido un retroceso en el PIB similar a España (-3,2% España, Reino Unido -3,2% e Italia 2,7%). ¿Es Zapatero el único y exclusivo culpable de esta situación? Yo diría que no.
En España, la situación es más delicada por haberse sumado a la crisis crediticia el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, el gran motor de la economía española en los últimos diez años. La llegada del euro posibilitó desde 1998 que capitales de dinero negro fuesen blanqueados con la compra de bienes inmuebles. El mercado comenzó a retroalimentarse con un efecto llamada. Los precios subían, y cada vez más gente entraba en el juego del "compro a 10 y vendo a 40". Eran los tiempos en los que Álvarez Cascos explicaba gozoso el fenómeno "porque la economía iba bien".
Claro, a pesar de que algunos pensaban que nunca sucedería, era más que evidente que aquella fiesta especulativa terminase alguna vez. No era posible que todos los años se construyeran 800.000 viviendas cuando sólo eran necesarias realmente 200.000. En aquella época parecías tonto si no comprabas una segunda o tercera vivienda sobre plano, y luego venderla al doble de su precio antes de escriturar.
En fin, a finales de 2008 explotó la famosa burbuja. Como consecuencia de ello, la compra de pisos cayó en picado, y cientos de miles de trabajadores de la construcción y empresas relacionadas con el ladrillo (fabricación de puertas, alquiler de maquinaria, suministros de construcción, etc.) terminarón engrosando las listas del desempleo.
Quizás, si el actual presidente de Gobierno se llamará Mariano Rajoy, hoy en día seguirían construyéndose y vendiendo todas las viviendas, y los trabajadores no hubiesen terminado haciendo cola en el Inem. ¿O quizás sí?
En fin, Zapatero puede dar síntomas de atolondramiento, pero al fin de cuentas, a él le ha tocado bailar con la más fea: la herencia viciada de los salvappatrias y la usura de los neocon.
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