Ante la importancia del suceso, me desplace al lugar para ser testigo del "milagro". Con ser espectacular el falso géiser, mucho más lo eran las filas de peregrinos discurriendo entre las viñas. Al lugar se acercaban curiosos venidos de muchas partes de España. Había matrículas de Valencia, Madrid, Córdoba, etc. Lástima que por aquel entonces los móviles no tenían cámara, ni tampoco había comprado mi primera cámara digial para haber podido inmortalizar aquella verbena.
Lamentablemente, al dueño del terreno no le hacía ninguna gracia el fenómeno, ya que su viña quedo bastante deteriorada por culpa de los descuidados intrusos. Alguien le sugirió que montase un tenderete con "souvenirs", pero antes de que fraguase el negocio, el Géiser murió.
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