
En la publicidad institucional del Ayuntamiento se emplea el eslogan “La Ciudad del deporte”. Al leer dicho lema un visitante despistado podría pensar que nuestra ciudad es un lugar privilegiado para la práctica deportiva a nivel profesional y popular. Para cualquier deportista local, lo que da es risa.
Durante años el Ayuntamiento ha manifestado una indolencia descomunal en esta materia, con instalaciones tercermundistas, falta de apoyo absoluto a los clubes y sin apenas acontecimientos deportivos de relevancia. Era tal el desprecio al deporte, que en los pocos acontecimientos celebrados en el transcurso del año (Ej. Maratón de Castilla-La Mancha, Mundialito sub-17), el anterior “Mandamás Culipardo” siempre hacía “mutis por el foro”, sobre todo si coincidía con alguna misa, procesión o rezo del rosario. Las procesiones y misas siempre han puesto “cachondos” a la clase noble de la ciudad.
Los únicos deportes del agrado de Gil-Ortega eran el golf (instaló una ridícula pista de práctica de golf en el polígono Larache), el windsurf (permitió el despilfarro de miles de litros de agua al instalar un bañera para hacer windsurf) o el patinaje sobre hielo (en La Mancha siempre ha gustado mucho el patinaje).
Ante tan lamentable panorama, la aparición de César Manrique suponía un soplo de aire fresco en la Concejalía, ¡por fin alguien comprometido con el deporte!. De hecho la situación ha mejorado sustancialmente en los últimos tiempos (tras el caos, sólo cabe mejorar). Por eso me ha resultado aún más decepcionante lo que paso a contar a continuación.
Durante muchos años solía acudir al Polideportivo Príncipe Juan Carlos (hoy Juan Carlos I) para corretear alrededor de la pista de atletismo, pero hacía tiempo que no lo hacía, porque ahora vivo al otro lado de la ciudad. Sin embargo, recientemente me pasé una tarde por allí, y cual fue mi sorpresa cuando me di de bruces con la puerta cerrada a cal y canto. Pedí explicaciones al encargado de la garita de la piscina, el cual me advirtió que para acceder a las pistas estaba obligado a abonar un eurazo.
Lamentable, vergonzoso y patético. ¿Es este el sistema del Ayuntamiento para promocionar el deporte local?, ¿qué será los siguiente?, ¿quizás privatizar la vía verde?, ¿meter en el calabozo a los ciclistas?. Cuando el resto de ayuntamientos de poblaciones importantes de la ciudad pierden el culo por crear gimnasios municipales, habilitar carriles bicis y potenciar el movimiento asociativo en general, y en particular el deportivo, nuestro querido Ayuntamiento impide el paso a la pistas de titularidad “pública” de manera totalmente incomprensible.
Ahora entiendo porque no hay ni un solo deportista de élite en la ciudad.
Durante años el Ayuntamiento ha manifestado una indolencia descomunal en esta materia, con instalaciones tercermundistas, falta de apoyo absoluto a los clubes y sin apenas acontecimientos deportivos de relevancia. Era tal el desprecio al deporte, que en los pocos acontecimientos celebrados en el transcurso del año (Ej. Maratón de Castilla-La Mancha, Mundialito sub-17), el anterior “Mandamás Culipardo” siempre hacía “mutis por el foro”, sobre todo si coincidía con alguna misa, procesión o rezo del rosario. Las procesiones y misas siempre han puesto “cachondos” a la clase noble de la ciudad.
Los únicos deportes del agrado de Gil-Ortega eran el golf (instaló una ridícula pista de práctica de golf en el polígono Larache), el windsurf (permitió el despilfarro de miles de litros de agua al instalar un bañera para hacer windsurf) o el patinaje sobre hielo (en La Mancha siempre ha gustado mucho el patinaje).
Ante tan lamentable panorama, la aparición de César Manrique suponía un soplo de aire fresco en la Concejalía, ¡por fin alguien comprometido con el deporte!. De hecho la situación ha mejorado sustancialmente en los últimos tiempos (tras el caos, sólo cabe mejorar). Por eso me ha resultado aún más decepcionante lo que paso a contar a continuación.
Durante muchos años solía acudir al Polideportivo Príncipe Juan Carlos (hoy Juan Carlos I) para corretear alrededor de la pista de atletismo, pero hacía tiempo que no lo hacía, porque ahora vivo al otro lado de la ciudad. Sin embargo, recientemente me pasé una tarde por allí, y cual fue mi sorpresa cuando me di de bruces con la puerta cerrada a cal y canto. Pedí explicaciones al encargado de la garita de la piscina, el cual me advirtió que para acceder a las pistas estaba obligado a abonar un eurazo.
Lamentable, vergonzoso y patético. ¿Es este el sistema del Ayuntamiento para promocionar el deporte local?, ¿qué será los siguiente?, ¿quizás privatizar la vía verde?, ¿meter en el calabozo a los ciclistas?. Cuando el resto de ayuntamientos de poblaciones importantes de la ciudad pierden el culo por crear gimnasios municipales, habilitar carriles bicis y potenciar el movimiento asociativo en general, y en particular el deportivo, nuestro querido Ayuntamiento impide el paso a la pistas de titularidad “pública” de manera totalmente incomprensible.
Ahora entiendo porque no hay ni un solo deportista de élite en la ciudad.
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