Llevo esperando mi turno en la panadería algo más de cinco minutos. Cuando entre estaba a rebosar el establecimiento, pero poco a poco se despeja y puedo avanzar. En ese momento atraviesa las cortinillas de plástico una maruja arrastrando un carrito, rubia de bote y tetazas a punto de desbordar el sujetador. Ya queda menos.....
Cuando llega mi turno, me dispongo a pedir una barra de pan, pero antes de articular palabra escucho una voz proveniente del otro lado del mostrador:
-¡PAQUI, dame un colín!.- Dice la señora maruja con cara de no haber roto un plato.
¿Qué hago?, ¿dejo que la señora se cuele o me enfrento a ella?
Al final solo le clavo los ojos en su cara, y ella lee inmediatamente mi pensamiento:
-Es que llevo prisa.
¿Qué tendrá que hacer? ¿acaso dirige una gran compañía internacional, quizás tiene que acudir a la inauguración de un pantano? ¿es qué piensa que los demás no tenemos nada que hacer en todo el día?
- Paaaaqui -continúa-, además me pones una docena de magdalenas del pueblo, que están muy ricas, una garrafa de 2 litros de agua, una empanada y ya está......., bueno no, dame también algún "fosquito" para mi Pablito, que luego se enfada si no le llevo na.
Lo han vuelto a hacer. No hay manera de vencer a las marujas. Son unos seres inteligentísimos, con habilidades diabólicas, capaces de cualquier mentira con tal de colarse.
El hábitat natural de la marujas se encuentra en mercadillos, carnicerías y verdulerías de todas las ciudades. Por ejemplo, si queréis ver a algún espécimen en acción, es muy recomendable dejarse caer un sábado por la mañana por el mercadillo de Ciudad Real, y especialmente por el popular, y siempre abarrotado puesto de encurtidos "La Jaula". En pocos minutos podréis comprobar como alguna maruja se cuela descaradamente, pasando por encima de todos los incrédulos clientes. Cuando te quieres dar cuenta, te levantan el turno. Para ellas no existen las colas.
¡Horror!
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