jueves 31 de julio de 2008

Aquellas maravillosas zurras

Ayer por la tarde me dedicaba a hacer fotos en el Parque de Gasset para probar las posibilidades de mi nuevo juguete, una Olympus E-510. Por allí desfilaban chavales con camisetas chorreando de vino, damnificados por la popular zurra. Algunos se paraban y me pedían que les hiciese alguna foto. Para ellos yo solo era un excéntrico señor mayor tomando fotos de florecillas y árboles. Lo que no podían imaginar aquellos muchachos era que yo era uno de los culpables de la degeneración en la que habia acabado la zurra culiparda.

Recuerdo que mis primeras "zurras" eran muy inocentes, todos eramos muy inocentes. Nos congregabamos en los jardines del Prado cada 30 de Julio ataviados con el típico pañuelo de hierbas y una vieja camiseta blanca. En principio la idea era preparar la "limona" clásica preparado en un barreño de barro hondo, con vino blanco, azúcar, hielo y raspadura de limón. Para refrescar el caluroso ambiente se formaban guerras con pistolas cargadas de agua....., todo muy pacífico.

Poco a poco las cosas fueron cambiando, cada vez había más gente, y cada vez la hora de comienzo de preparación de la zurra se adelantaba más para poder coger un buen sitio a la sombra. Además, los ingredientes de la "limona" se sustituían por vino tinto, bacardi, martini, vodka y cualquier otra cosa que pudiese elevar la graduación alcohólica. El resultado era un menjunje indescriptible no apto para todos los hígados.


Un año a alguien se le ocurrió lanzar un vaso de vino a un amigo, el otro respondió y al final se lió la gorda. Acababamos de descubrir que más divertido que beber el vino era tirarselo a alguien. Ya no bastaban las pistolas, a veces se lanzaban espuertas llenas de vino por encima de los despistados. ¡Era la guerra!. Casi nadie conseguía salir indemne de la batalla, cuanto más vino mejor. Solo recuerdo a una persona capaz de aguantar sin una sola gota sobre su impoluta camiseta blanca. Ella se lo perdía.

El balance de daños era grande, el pelo parecía una fregona vieja, las camisetas quedaban teñidas de rosa, los pantalones se encogían y las zapatillas quedaban cubiertas de una costra formada por el albero de los jardines y el propio vino. Asqueroso y divertidísimo. Te quedabas como nuevo.

Lo peor eran los daños colaterales, ya que el embriagador olor de zurra rezumaba por los jardines del Prado durante semanas.

Echó de menos aquellas zurras. Lástima que ya no estemos para estos trotes, y tengamos que conformarnos con fotografiar florecillas y mariposas.

4 comentarios:

Gato Negro dijo...

jaja, "un señor mayor tomando fotos de florecillas..." Pero si fuimos nosotros y nuestra generación la que institucionalizó la Pandorga tal y como se conoce hoy!!!

En fin, que completamente de acuerdo con el texto, esto ya no es lo que era y por eso ni fui a la Zurra de este año, aunque sí al baile de la Plaza y a los Toros de Fuego (si no ibas muy perjudicado recordarás que nos hiciste una foto ;)

He puesto un enlace a este artículo en mi blog, donde se puede ver mi particular aportación a la antaño tan Magna fiesta ciudadrealeña.

Salu2

STEPHEN HAWORTH dijo...

Ni me acuerdo de haberte visto.

Gato Negro dijo...

O sea, que a pesar de los años te sigues poniendo igual de ciego a Zurra, ¡Ay, que ya no tenemos edad, Stephen...!

Anónimo dijo...

Venga ya chaval, ahora nos diras que tu inventaste la fiesta de la zurra. Y por cierto la zurra siempre ha sido con vino blanco, los que lo hacen con tinto es que no saben ni que es zurra ni que es nada.
Fdo: KOMANDO KULIPA

Publicar un comentario en la entrada

Stephen Haworth´s MMX - Contacto: ciudadrealblog@gmail.com